A escala de barrio, ရပ်ကွက် (barrio) y ကျေးရွာအုပ်စု (grupo de aldeas) son las unidades formales locales más pequeñas. El administrador del barrio o del grupo de aldeas conecta a los hogares locales con el Departamento de Administración General del municipio (Township General Administration Department, Township GAD). Estas oficinas pueden proporcionar información administrativa y tramitar notificaciones locales, pero el acceso y la aplicación varían según el lugar y las condiciones de seguridad. No existe un servicio nacional único de mediación vecinal ni un sistema organizado de vivienda compartida. La mediación local, los líderes comunitarios, las redes religiosas, las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones comunitarias pueden desempeñar funciones similares, con distintos niveles de autoridad y fuerza jurídica. Una enmienda de 2021 exige que se informe al administrador del barrio o del grupo de aldeas correspondiente cuando llegue a pasar la noche un huésped procedente de otro barrio o grupo de aldeas que no figure en la unidad familiar del hogar. La información notificada no debe generar una tasa por el servicio. La sanción indicada por no informar puede alcanzar los 10.000 kyats, con una pena de prisión sustitutoria de hasta siete días tras una decisión judicial, aunque el acceso y la aplicación dependen de la ubicación. Las responsabilidades sobre el espacio público varían según la ciudad. El Comité de Desarrollo de la Ciudad de Yangón (Yangon City Development Committee, YCDC), el Comité de Desarrollo de la Ciudad de Mandalay (Mandalay City Development Committee, MCDC) y el Comité de Desarrollo de Nay Pyi Taw se ocupan de asuntos como la planificación urbana, la supervisión del suelo y la construcción, los mercados, las carreteras, los parques, los parques infantiles, los residuos y el agua. Las normas, tasas y permisos son específicos de cada ciudad y no se aplican automáticamente en todo Myanmar. En otros lugares, la responsabilidad puede recaer en la administración del barrio o del grupo de aldeas y en las autoridades municipales o regionales. El artículo 354 de la Constitución de 2008 enumera las libertades de expresión, reunión pacífica, asociación, idioma, literatura, cultura, religión y costumbres de la ciudadanía, sujetas a las leyes relativas a la seguridad, el orden público y la moralidad. El artículo 355 aborda la libertad de residir y establecerse conforme a la ley. La Ley de Protección de los Derechos Étnicos de 2015 establece un marco formal para los derechos étnicos. Estas disposiciones no garantizan por sí solas una protección práctica igual para todos los grupos según su situación ni en todas las regiones. Por lo general, una reunión pacífica requiere presentar una solicitud al jefe de la Policía Municipal al menos cinco días antes. La solicitud indica el propósito, el lugar o recorrido previsto, la hora, el tema o los cánticos, el líder o portavoz y el número previsto de participantes. También se exige un aviso con al menos 48 horas de antelación. El administrador jefe del Departamento de Administración General del municipio interviene en la aprobación o denegación, y se puede presentar un recurso en un plazo de siete días ante el jefe de Policía del Estado o de la Región, quien debe resolverlo, según se indica, en un plazo de 14 días. La ley restringe las armas, las obstrucciones, los peligros, los daños a la propiedad, la contaminación ambiental y los cánticos que se aparten de las condiciones aprobadas. La práctica actual es muy restrictiva y el espacio cívico es limitado. La diversidad de Myanmar varía considerablemente según la región. El censo de 2014, que cubrió al 96,6 % de la población, sigue siendo la base del último censo oficial de ámbito nacional; sus datos sobre religión y etnia son históricos y no constituyen una imagen completa de la situación actual. Rakhine, Sagaing, Shan, Kachin, Kayah, Chin, Kayin y Mon no deben tratarse como si fueran un único contexto social. El ACNUDH informó de violaciones continuas y sistemáticas de los derechos y de la protección que afectan a los rohinyás y a otras minorías. El conflicto armado, los puestos de control, las restricciones a la circulación, los ataques aéreos, los desplazamientos, la extorsión, la violencia de género, el reclutamiento forzoso, las minas terrestres y las barreras al acceso humanitario convierten la convivencia en una cuestión de protección en muchas zonas. En 2026, Myanmar tenía aproximadamente entre 3,8 y 4,0 millones de personas desplazadas internamente, mientras que más de 16 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria. Las comunidades de acogida suelen ser las primeras en recibir a las personas desplazadas, pero el retorno o la integración no son automáticamente seguros ni duraderos. La policía y los tribunales siguen siendo relevantes en algunas zonas, mientras que en otras los conflictos se resuelven mediante sistemas jurídicos plurales o mediación informal. En 2024, el programa de resolución colaborativa de disputas del PNUD formó a 1.233 personas, incluidas mediadoras, en 59 aldeas de 24 municipios, pero no establece un procedimiento nacional ni garantiza el acceso. La participación cívica también adopta formas prácticas mediante la comunicación con la administración del barrio o del grupo de aldeas, los comités comunitarios, las redes religiosas, las organizaciones de la sociedad civil y comunitarias, los socios humanitarios y los sistemas de quejas y comentarios. El Programa Community First del PNUD colaboró con redes locales en 45 municipios de 11 estados y regiones. En 2025, el ACNUR informó de 228 proyectos comunitarios, 318 comités comunitarios en campamentos o entornos similares, 170.366 personas desplazadas internamente o miembros de comunidades de acogida alcanzados, 83.698 usuarios de sistemas de comentarios y 29.162 derivaciones. El acceso depende del programa, la zona, la vulnerabilidad, la seguridad y la financiación; en Myanmar no existe un servicio estatal de participación cívica gratuito de disponibilidad general. No hay pruebas directas de que exista un modelo nacional formal de vivienda compartida. La vida en común incluye, en cambio, hogares privados, habitaciones de alquiler, alojamientos con pensión, viviendas gubernamentales, lugares de desplazamiento y alojamientos en comunidades de acogida. El censo de 2014 registró que el 86 % de las unidades de vivienda eran ocupadas por sus propietarios, el 7 % alquiladas y el 3 % proporcionadas por el Gobierno; el 4,49 % se clasificaron como apartamentos, pisos o condominios. Estas cifras históricas no permiten determinar los costes actuales del alquiler a escala nacional, las normas de ocupación ni los procedimientos para resolver disputas. Por tanto, la vivienda y el control de los alquileres son cuestiones relacionadas, salvo que la consulta trate un problema concreto de convivencia, como la notificación de huéspedes o las relaciones dentro de un hogar compartido. La convivencia digital se ve afectada por la Ley de Telecomunicaciones y la Ley de Ciberseguridad 1/2025. Esta última define el servicio de plataforma digital y establece estructuras de ciberseguridad y ciberdelincuencia. En virtud de las normas de telecomunicaciones, las autoridades tienen facultades para suspender servicios en situaciones de emergencia o de interés público, interceptar comunicaciones y solicitar información. El ACNUDH ha informado de cortes de internet, censura, vigilancia, inclusión en listas negras y restricciones a las VPN que, según se indicó, estaban en vigor desde el 30 de julio de 2025. Por tanto, la privacidad, la identidad, el acceso a la información, el discurso de odio, la desinformación y una posible exposición a consecuencias penales dependen de la legislación vigente, las condiciones de la red, la plataforma y las circunstancias de cada persona.
Convivencia cotidiana en Myanmar
La convivencia cotidiana en Myanmar está marcada por la administración local, las relaciones comunitarias, las normas sobre el espacio público, los conflictos y el acceso a la comunicación. No existe una única institución nacional encargada de la convivencia: los administradores de barrios y grupos de aldeas, los Departamentos de Administración General de los municipios, los comités de desarrollo urbano, las organizaciones de la sociedad civil y comunitarias, y los líderes religiosos o comunitarios desempeñan funciones distintas. En las zonas afectadas por conflictos, la convivencia también implica protección, apoyo a las personas desplazadas y relaciones entre las personas desplazadas internamente y las comunidades de acogida.
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