La agricultura es fundamental para los medios de vida de cerca del 70 % de la población de Benín. Las explotaciones de pequeños agricultores, que dependen principalmente de las lluvias, producen maíz, arroz, ñame, mandioca, sorgo, mijo, legumbres, tomates, verduras y pescado. Las raíces y tubérculos alcanzaron 7.851.764 toneladas en 2023–2024, incluidas 4.449.430 toneladas de mandioca y 3.321.089 toneladas de ñame. Durante los cinco años cubiertos por los datos de producción disponibles, las raíces y tubérculos representaron aproximadamente el 67,8 % de la producción de cultivos alimentarios. Un patrón común de alimentación combina un alimento básico rico en almidón con una salsa. El maíz o la mandioca pueden prepararse como una masa firme servida con salsa (pâte), mientras que la masa fermentada de maíz (akassa) es otra preparación habitual. Un plato de arroz y frijoles (atassi) combina ambos alimentos. Los gránulos de mandioca procesada (gari) se obtienen de la mandioca, el caupí (niébé) es una legumbre y el condimento fermentado (afitin) se usa para sazonar. Otros alimentos y preparaciones locales incluyen owo, tchatchanga, Houawélio y Bômiho. Las recetas, los ingredientes y los nombres varían entre comunidades y estaciones. La cocina del sur y de la costa suele utilizar maíz, mandioca, pâte, akassa, pescado, mariscos, aceite de palma y verduras. En el norte son más frecuentes el ñame, el sorgo, el mijo, la carne de vacuno y los productos lácteos. El centro y Zou se asocian con afitin, productos de maíz fermentado y gastronomía local. En Ouidah, el Dakouin y el Atoutou se relacionan con pescado o cangrejo, mandioca, frijoles y verduras. Estos patrones describen tendencias regionales, no un único menú nacional. Las personas obtienen alimentos de la producción del hogar, los mercados locales, los comerciantes, los vendedores ambulantes, los restaurantes, los maquis, los hoteles y las cafeterías. En un estudio urbano de 2026, el plato de arroz y frijoles fue el plato cocinado consumido con mayor frecuencia, y el 95,3 % de las personas encuestadas que lo consumían lo comía al menos una vez por semana. Otro estudio de 92 vendedores en Abomey-Calavi-Gbeli concluyó que el 56 % de las muestras analizadas no cumplía las normas microbiológicas. Ese resultado local no establece una tasa nacional, pero muestra por qué las condiciones de preparación son importantes al comprar alimentos listos para consumir. La guía alimentaria de Benín agrupa los alimentos en cereales y tubérculos; proteínas vegetales y animales; verduras; frutas; y productos lácteos u otros alimentos ricos en calcio, con agua junto a estos grupos. El pescado es común, mientras que los frijoles, cacahuetes, soja, queso y guisantes ofrecen alternativas. La guía recomienda consumir menos alimentos tradicionales procesados y aconseja limitar el exceso de sal, las bebidas azucaradas, las grasas añadidas y el aceite reutilizado repetidamente. Los datos del PMA y de MICS para 2021–2022 registraron aproximadamente un 36,5 % de retraso del crecimiento, un 8,3 % de emaciación y un 21 % de insuficiencia ponderal entre los niños, lo que muestra la magnitud de los retos nutricionales sin describir la situación de cada hogar. La Agencia Beninesa de Seguridad Alimentaria y Sanitaria (ABSSA) es responsable de la seguridad alimentaria y del control de calidad en toda la cadena alimentaria, incluidos el análisis de riesgos, las inspecciones y las advertencias públicas. Las estructuras regionales de control y los laboratorios apoyan este trabajo. Según el producto y el canal de venta, los alimentos envasados también pueden necesitar una autorización de comercialización. El ministerio responsable de agricultura, ganadería, pesca y cadenas de valor (MAEP) cubre esos sectores, mientras que el organismo de normas, metrología, certificación y control de calidad (ANM) se ocupa de esas funciones. Los municipios, los grupos de productores y las asociaciones de mujeres contribuyen a la aplicación local. Las empresas alimentarias deben cumplir los requisitos de higiene, seguridad y calidad, especialmente cuando preparan alimentos para su consumo inmediato. Los problemas de agua y saneamiento, la higiene deficiente de las manos o las superficies, las temperaturas inadecuadas y el contacto entre alimentos crudos y listos para consumir generan riesgos comunes para la seguridad alimentaria. Mantener protegidos los alimentos cocinados, separar los ingredientes crudos, utilizar agua segura y evitar conservar los alimentos demasiado tiempo a temperaturas inseguras reduce estos riesgos. Las mismas precauciones son importantes en los hogares, los mercados y los entornos de venta ambulante. El programa de comidas escolares (PNASI) ofrece comidas formales en las escuelas primarias públicas participantes. El organismo nacional de coordinación (ANAN) actúa como entidad coordinadora nacional de este programa desde septiembre de 2024; el programa cubre más de 5.709 escuelas y más de 1,4 millones de niños. PNASI no es una prestación alimentaria universal para los hogares, y las pruebas disponibles no establecen un derecho general a recibir alimentos gratis. La FAO, el PMA y ANAN pueden apoyar a hogares o niños vulnerables mediante proyectos específicos. Los precios de los alimentos se expresan en francos CFA (FCFA) y varían según la estación, las cosechas, el almacenamiento, el transporte, el comercio transfronterizo y las medidas de exportación. Una referencia oficial de los mercados de mayo de 2024 registró el arroz importado a 643 FCFA por kilogramo, el ñame a 399 FCFA, la mandioca procesada a 434 FCFA y el caupí a 738 FCFA. Estas cifras son precios de referencia fechados, no una tarifa nacional permanente para las comidas. El seguimiento de precios de abril de 2026 indicó que el arroz local era aproximadamente un 10 % más barato que un año antes, el maíz entre un 25 % y un 35 % más barato y el sorgo hasta un 45 % más barato; el arroz y el maíz se mantuvieron prácticamente estables entre enero y abril, mientras que el sorgo bajó hasta un 30 %. Durante la temporada de escasez de junio a agosto de 2026, más de 201.000 personas fueron clasificadas en nivel de Crisis o peor, incluidas unas 9.500 en el nivel más grave de Emergencia, con Atacora y Alibori especialmente vulnerables. La dependencia de las lluvias, la pérdida de suelo y biodiversidad, la baja productividad, el almacenamiento deficiente y el acceso limitado a los mercados ejercen presión sobre la oferta alimentaria a largo plazo. La agroecología, la agricultura resiliente al clima, la protección del suelo y del agua, un mejor almacenamiento, las cadenas de valor locales, el procesamiento de arroz y maíz y el apoyo a mujeres y jóvenes se identifican como respuestas. Un proyecto de sistemas alimentarios de la FAO y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, así como un paquete de financiación del Banco Mundial de 150 millones de USD para el desarrollo agroalimentario del norte, apoyan parte de esta transición.
Alimentación en Benín
La alimentación en Benín combina alimentos básicos producidos localmente, salsas, pescado, carne, legumbres, verduras y frutas con alimentos importados. Las comidas suelen centrarse en maíz, arroz, ñame o mandioca servidos con una salsa, mientras que los cultivos regionales y la oferta estacional modifican lo disponible. El acceso depende de la producción del hogar, los mercados, el dinero disponible y los precios de los alimentos; la seguridad depende del agua, la higiene, la temperatura y la protección frente a la contaminación.
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