El agua y el saneamiento son dos de los factores que más influyen en el entorno cotidiano de Haití. Alrededor del 26 % de la población carece de una fuente de agua mejorada, y el acceso es más limitado en las zonas rurales que en las urbanas. Cerca de una cuarta parte de los hogares tiene una instalación adecuada para lavarse las manos con jabón, una cuarta parte de la población practica la defecación al aire libre y siete de cada diez personas carecen de saneamiento mejorado. El agua puede provenir de redes, quioscos, tanques, camiones cisterna, proveedores privados o sistemas comunitarios. DINEPA establece la política nacional de agua y saneamiento, regula a los proveedores, aprueba tarifas y normas y gestiona ciertos conflictos con usuarios; OREPA y CTE prestan servicios en sistemas regionales o urbanos, mientras que CAEPA y CPE apoyan los sistemas rurales y periurbanos. No se han verificado ni la disponibilidad diaria actual a escala nacional ni un precio minorista uniforme del agua, así que conviene confirmar el acceso y el costo en cada lugar concreto. La recogida de residuos es fragmentaria y a menudo informal. Los residuos pueden obstruir el drenaje y aumentar los riesgos de inundación y contaminación; además, el acceso al vertedero oficial se ha visto interrumpido. El Ministerio de Medio Ambiente y SNGRS se encargan de funciones ambientales y de residuos sólidos, pero la recogida local depende mucho de la comuna, de los proveedores disponibles, de la seguridad y del apoyo de proyectos. En 2024, el acceso a la electricidad era de alrededor del 53,9 %; los problemas de EDH, el combustible y la red hacen que el suministro no sea fiable en muchas zonas. Los cortes de electricidad afectan al bombeo de agua, la iluminación, la refrigeración, las comunicaciones y el funcionamiento de las escuelas, las empresas y los centros de salud. La vida residencial también se ve afectada por la violencia armada, los desplazamientos, el hacinamiento y las interrupciones reiteradas de los servicios. En marzo de 2026 había alrededor de 1,4 millones de desplazados internos que vivían con familias de acogida o en lugares de desplazamiento. El departamento del Oeste y Puerto Príncipe son las zonas más afectadas, aunque las condiciones varían entre departamentos y comunas. El acceso al agua, a la recogida de residuos, a la seguridad y a los servicios públicos puede cambiar rápidamente si las carreteras, los barrios o los puntos de servicio dejan de ser accesibles. Los datos sobre la calidad del aire son limitados y anteriores a la crisis actual. En 2019, se midió una concentración urbana anual de PM2.5 de 28,63 microgramos por metro cúbico, mientras que en 2022 solo el 5 % de la población utilizaba combustibles y tecnologías limpios. El uso de biomasa en los hogares y la quema al aire libre son motivos de especial preocupación. La ONQEV tiene la función oficial de vigilar el aire, el agua, el suelo y el ruido ambiental, pero Haití no cuenta con un mapa nacional de ruido establecido, una red de vigilancia continua del ruido ni un procedimiento estandarizado para las denuncias de residentes y las indemnizaciones. Las evaluaciones ambientales de los proyectos deben estudiar el ruido de la maquinaria, los generadores y el tráfico cerca de viviendas, escuelas y hospitales. Los espacios verdes y las zonas protegidas pueden reducir la erosión, las inundaciones y los riesgos para el agua, pero el acceso depende del lugar, las normas de protección y la seguridad. En 2023, los bosques cubrían alrededor del 12,3 % de la superficie de Haití. ANAP administra o coordina el sistema nacional de áreas protegidas y puede trabajar con las comunidades locales y las autoridades territoriales. No se ha establecido ningún programa nacional de acceso a parques urbanos. El cambio ambiental se aborda mediante la planificación, las autorizaciones de proyectos, las evaluaciones ambientales y la participación local. El plan nacional de acción ambiental para 2025–2050 aún se estaba formulando y se había previsto un proyecto de restauración de ecosistemas para mayo de 2025 a abril de 2031. Haití tiene estructuras formales para la gestión del riesgo de desastres y las emergencias, incluidas PNGRD, DGPC, DPC, UHM y los comités locales de protección civil. Entre 1980 y 2024, Haití registró 124 desastres, entre ellos terremotos, huracanes, inundaciones, sequías y deslizamientos de tierra; 112 estuvieron relacionados con el clima o fueron hidrometeorológicos. La DGPC, la UHM, las autoridades locales, la radio y los canales digitales pueden difundir alertas. La violencia armada puede limitar los desplazamientos, la respuesta ante emergencias, la recogida de residuos, el funcionamiento de los sistemas de agua y las medidas de protección, por lo que suele ser necesario evaluar al mismo tiempo la seguridad y el riesgo de desastres. Hay participación a través de comités comunitarios de agua, autoridades locales, programas ambientales e iniciativas vinculadas a proyectos. Los sistemas CAEPA pueden incluir a los usuarios en la elección y gestión de proveedores. Programas recientes del Ministerio de Medio Ambiente han respaldado a comités, jornadas de limpieza, separación de residuos, reciclaje y educación en higiene; PAIEC permite que ciertos empresarios y organizaciones ambientales legalmente reconocidas propongan iniciativas sobre residuos, reciclaje, reforestación y energías renovables. No se ha verificado en Haití ninguna plataforma nacional única que ofrezca a la población un canal uniforme para denunciar problemas o participar en las decisiones. Los permisos ambientales, las auditorías y las evaluaciones de impacto pueden abrir vías de participación o denuncia en proyectos concretos, pero no establecen un derecho general a recibir agua o electricidad de forma continua, contar con recogida de residuos o estar protegidos del ruido.
Entorno en Haití
El entorno cotidiano en Haití está marcado por el acceso al agua, el saneamiento, la electricidad, la recogida de residuos, los espacios verdes, la seguridad y la fiabilidad de los servicios públicos. Las condiciones varían mucho entre comunidades urbanas, rurales y desplazadas; la violencia, las interrupciones de los servicios y los riesgos de desastres afectan el acceso cotidiano. Hay instituciones formales, pero muchos servicios siguen fragmentados, son informales o dependen de proveedores locales y de la ayuda humanitaria.
VivAVia puede cometer errores. Comprueba la información importante.

